Ilustración de Raquel Blázquez
Nadie en el Circo Mundial La Ballena sabía a ciencia
cierta cuántos años tenía la vieja trapecista Mariona. Algunos decían que debía
superar los cien años, otros que era imposible que a aquella edad, pudiera
seguir haciendo aquellas piruetas sobre el trapecio.
La vieja Mariona era pequeña, ágil y arrugada. Tenía la
voz rota, y los más veteranos del circo, solían contar que se la había roto un
día que se cayó desde el trapecio haciendo un número imposible.
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No le pasó nada más. Solo le cambió la voz. Pasó
de tenerla chillona a tenerla tan grave como un hombre.
A los más jóvenes aquello le parecía cosa de magia.
¿Cómo iba una mujer tan mayor seguir estando tan en forma? Por eso les daba un
poco de miedo la vieja Mariona, tan encorvada y llena de arrugas como una bruja
de cuento.








