Texto de María Bautista
Ilustración de Raquel Blázquez Cada mañana, Irene, arrastraba su pesada mochila y su mirada triste por delante de la tienda de disfraces antes de ir a la escuela. Cada mañana, Irene se paraba a observar el maniquí vestido de bruja que, con mirada amenazante, le devolvía la mirada al otro lado del escaparate. Y cada mañana suspiraba antes de volver a arrastrar su pesada mochila en dirección a la escuela.
¿Por qué aquella bruja con cara de mala llamaba la atención de Irene? ¿Qué le atraía de aquel personaje? ¿Por qué suspiraba siempre? Solo Irene sabía. Y ahora vosotros. Estad atentos:





