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lunes, 14 de mayo de 2012

Irene quiere ser bruja

Texto de María Bautista
Ilustración de Raquel Blázquez

Cada mañana, Irene, arrastraba su pesada mochila y su mirada triste por delante de la tienda de disfraces antes de ir a la escuela. Cada mañana, Irene se paraba a observar el maniquí vestido de bruja que, con mirada amenazante, le devolvía la mirada al otro lado del escaparate. Y cada mañana suspiraba antes de volver a arrastrar su pesada mochila en dirección a la escuela.

 ¿Por qué aquella bruja con cara de mala llamaba la atención de Irene? ¿Qué le atraía de aquel personaje? ¿Por qué suspiraba siempre? Solo Irene sabía. Y ahora vosotros. Estad atentos:

miércoles, 9 de mayo de 2012

Avistamos cuento: Makia Vela - El día de las brujas

Por Raquel Blázquez

Makia Vela -El día de las brujas
Autoras: E. B. Del Castillo y Moni Pérez
Sello: Beascoa
Colección: Makia Vela
ISBN: 978-84-488-3333-6
Formato: 210 x 208 mm
32 Páginas
Encuadernación: Cartoné
PVP. 14,95 euros
A partir de 6 años

Hace ya tiempo que en Cuento a la vista teníamos ganas de hablar de brujas. Porque meigas (como se llaman en Galicia) haberlas hailas, muchas y muy diferentes. Nosotras hoy os vamos a presentar a Makia Vela, una brujita resuelta, valiente, decidida, curiosa y muy, pero que muy cabezota.

martes, 1 de noviembre de 2011

Libros de ayer y de hoy: La casa embrujada

 


Por Raquel Blázquez

Llegan las fechas de esta moda de Halloween y a mí me da por recordar mi niñez. Antes estos días de los muertos o las brujas no se celebraban, era una fiesta puramente americana. Y, hoy, aunque el truco o trato en España aún no se estila, muchas son las madres que se tiran de los pelos dando las últimas puntadas a unos disfraces terroríficos. A mí, en estos días, me da por volver a la infancia y recordar aquellos libros que hablaban de brujas y vampiros y que durante una época me tuvieron fascinada.

Pero hay un libro que sobresale por encima del resto. No sé en qué momento llegó a casa, pero cuando entró fue para quedarse. Hablo de "La casa embrujada" de Jan Piénkowski cuya primera edición se hico en 1979, un libro pop up realmente delicioso. Cada una de sus páginas nos llevaba a las estancias de una mansión que escondía secretos, ruidos, miradas amenazadoras y sorpresas fantasmagóricas. Un libro para descubrir, para tocar, para sentir que ha pasado a la historia, convirtiéndose en un clásico entre los libros pop up. En mi casa tiene un hueco privilegiado en sus estanterías, machacado por los años, pero imperturbable. Ha pasado por mis manos, las de mis

sábado, 3 de septiembre de 2011

Trabalenguas: Bruja piruja



Esto era una bruja, piruja piruja,
de puento pito puja de pompa pirón,
que tenia dos hijas, pirijas pirijas,
de puento pito pijas de pompa pirón.
Una iba a la escuela, piruela piruela,
de puento pito puela de pompa pirón.
Otra iba a la música, pirúsica pirúsica
y este es el cuento que ya se acabó.

sábado, 2 de julio de 2011

Trabalenguas: Quién desbruja a quién



Si la bruja desbruja al brujo
y el brujo a la bruja desbruja,
ni la bruja desbruja al brujo
ni el brujo a la bruja desbruja.

lunes, 9 de mayo de 2011

La anciana del cuarto B


A pesar de que casi nunca se dejaba ver, todos los niños del edificio le tenían un miedo atroz a la anciana del cuarto B. No hablaba con nadie, apenas salía de casa y decían los mayores del lugar que tenía tantos años como aquel viejo edificio, o quizá más. Siempre había estado ahí, con su cara llena de arrugas, sus ojos achinados enmarcados en unas gruesas gafas redondas, y un enorme y plateado moño que llevaba en lo alto de su pequeña cabeza. ¿Quién era aquella anciana silenciosa?

Los niños del edificio pensaban que debía ser una bruja:

sábado, 19 de marzo de 2011

Un amigo para la Bruja Maruja

La Bruja Maruja vivía en un castillo oscuro en plena montaña. Tenía el pelo color zanahoria, una nariz pequeña y un vestido a rayas. No era una bruja al uso, ya que no convertía a los niños en ratones, ni tenía una carcajada demoníaca, ni las uñas largas. Tampoco volaba en escoba. A ella le gustaba más la bicicleta, y los sábados por la mañana la cogía muy prontito y se daba una vuelta por la montaña. Al llegar a lo más alto convertía las margaritas en patatas fritas y el agua del río en zumo de naranja. Luego bajaba hasta su casa y se daba un buen baño de espuma en su bañera de plata.
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