Texto por María Bautista
Ilustración por Verónica NavarroAl llegar la primavera, los huevos que Mamá Pato había estado empollando durante todo el invierno comenzaron a resquebrajarse:
- ¡Qué emoción! ¿Cómo serán nuestros patitos? – comentaban con emoción Mamá y Papá Pato.
Uno a uno los cascarones blanquecinos fueron rompiéndose y los patitos salieron. Había uno amarillo al que llamaron Canario, había otro con las alitas oscuras al que llamaron Volador, había otra patita con el pico muy largo a la que bautizaron como Parlanchina y por último…por último había un huevo que no terminaba de resquebrajarse. Era más grande y oscuro que el resto. Todo los patitos lo miraban intrigados.

