Texto por María Bautista
Ilustración por Raquel Blázquez
Después de un buen rato sin parar de llorar,
el rey del viento se secó las lágrimas con un pañuelo lleno de espirales y miró
con tristeza a Estibaliz:
-
Tenéis razón, soy un rey horrible.
Estaré siempre solo y la reina de la lluvia siempre me despreciará. Pero no
puedo hacer nada: para no ser un rey horrible tendría que liberar a mis
súbditos de su duro trabajo, y si hiciera eso los desmolinos no funcionarían y
el mundo se quedaría sin viento.
Estíbaliz pensó por un momento lo qué sería el
mundo sin el viento. Nada le despeinaría sus cabellos cuando fuera por la
calle, ni le levantaría la falda. Además, como no habría viento que agitara el
mar, este nunca estaría picado y siempre podría meterse en él sin peligro a ser
arrastrada. Sin viento los árboles siempre tendrían hojas y en invierno no
haría tanto frío. Quizá, eso de que el mundo no tuviera viento no era tan mala
idea…
Pero una vez más el rey leyó su pensamiento y
exclamó enfadado:
-
Ni lo pienses, Estíbaliz. Sin
viento el planeta no podría existir. ¿Quién llevaría las semillas de las
plantas de una flor a otra? ¿Quién movería las nubes de ciudad en ciudad para
que la lluvia llegara a todas ellas? ¿Quién ayudaría a los pájaros a volar por
el cielo? Además el mar sería tan aburrido sin una triste ola…
Estíbaliz tuvo que reconocer que el rey tenía
razón. El viento, aunque a veces nos pareciera algo inútil, era imprescindible
para el mundo.
-
Pero…¡tiene que haber alguna
manera de arreglar esto! – afirmó la niña blandiendo su paraguas rojo con decisión. – No puedo creer que hoy en día no haya otra
manera de conseguir que se muevan los desmolinos…
-
Pues no la hay, y si la hay yo no
la conozco.
-
Y ¿cómo lo hace la reina de la
lluvia?
-
Creo que con algo que se llama
electricidad. Al parecer utiliza motores para mover las contranubes.
-
¿Las contranubes? ¿Eso qué es?
-
Pues lo contrario a las nubes: si
las nubes producen lluvia, las contranubes producen algodón de azúcar que al
separarse forma las nubes.
-
¿Por eso las nubes parecen
algodón?
-
¡Claro! Si las pruebas antes de
que lleguen al suelo saben dulces como el azúcar y son pegajosas.
-
¿En serio? – Estíbaliz pensó en su
libro de conocimiento del medio y se preguntó cómo era posible que en él no se
hablara de los desmolinos, ni de las contranubes, ni de cómo funcionaban las
cosas en el cielo.
-
Claro que hablo en serio. Soy un
rey y la palabra del rey siempre es en serio. Antes las tormentas trabajaban
para la reina de la lluvia haciendo formas con las nubes. ¡Eran unas verdaderas
artistas! Pero el trabajo era muy duro y la reina decidió buscar otra manera de
hacerlo. Así que ahora es una máquina quien convierte las contranubes en nubes
de verdad.
-
¿Y por qué no pones una máquina en
tus desmolinos?
-
¿Una máquina? ¿Con motor? Eso ¡ni
hablar! A mí me gusta hacer las cosas a la manera tradicional…¡nada de nuevas
tecnologías!
Estíbaliz miró con ternura al rey del viento.
Le recordaba a su abuelo Manolo, que siempre estaba gruñendo contra las
tecnologías, contra Internet, el móvil o los ordenadores. Por más que Estíbaliz
trataba de explicarle lo maravilloso que era contar con todas aquellas cosas,
el abuelo Manolo no quería saber absolutamente nada de aquello.
-
Querido rey del viento…¡es hora de
modernizarse! Solo así conseguirás que tus súbditos no trabajen tanto y que la
reina de la lluvia se fije en ti.
-
¿Tú crees?
-
Claro que sí.
-
Pero es que las tecnologías y yo no nos llevamos muy bien.
-
No te preocupes – exclamó resuelta
Estíbaliz – a mí se me dan fenomenal. Además, podemos pedirle ayuda a la reina
de la lluvia. ¡Seguro que está encantada de echarnos una mano!
El rey no estaba muy convencido pero tanto insistió Estíbaliz, que ya
sabemos lo testaruda que podía llegar a ser cuando quería algo, que al monarca
no le quedó otro remedio que aceptar.
-
Está bien, pequeña. Coge tu
paraguas y acércate a mí. Llegaremos en un periquete.
Y de nuevo envolvió a la niña con su túnica plateada y ambos empezaron
a girar y girar y girar…

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada